
Antes de cada pachanga siempre aparece alguna excusa: el que llega tarde, el que tiene molestias, el que “si falta uno va” y el clásico que desaparece del grupo justo cuando hay que confirmar.
La previa también se juega
Toda pachanga, empieza mucho antes de que ruede el balón. Empieza en el grupo de WhatsApp, cuando alguien pregunta: «Quién juega esta semana?». A partir de ahí, se abre uno de los grandes rituales del fútbol amateur: confirmar jugadores, cuadrar horarios y sobrevivir a las excusas.
Porque en una pachanga no solo hay goles, paradas y piques. También hay frases que se repiten semana tras semana y que todos hemos escuchado alguna vez.
Algunas son reales. Otras, bastante dudosas. Pero todas forman parte del encanto.
"Voy justo, pero llego"
Una de las grandes clásicas.
Normalmente significa que esa persona llegará tarde. Muy tarde. Puede que aparezca cuando el partido ya ha empezado, puede que llegue cambiándose por el camino o puede que mande otro mensaje diez minutos después diciendo: “Estoy aparcando”.
Lo curioso es que casi siempre acaba entrando al campo como si no hubiera pasado nada.
Y, por supuesto, pregunta:
“¿Cómo vamos?”
"Si falta uno, voy"
Esta frase merece un apartado propio.
El jugador que dice “si falta uno, voy” nunca confirma del todo, pero tampoco se borra. Se queda en una especie de limbo futbolístico donde no puedes contar con él, pero tampoco descartarlo.
Para el organizador es una tortura.
Porque no sabes si tienes un jugador más, una promesa, una posibilidad o simplemente una forma elegante de decir que no.
En el fútbol amateur, el “si falta uno, voy” es casi una figura legal.
"Tengo molestias"
Otra excusa muy habitual.
Puede ser una molestia real, claro. En una pachanga se corre, se frena, se gira y a veces el cuerpo avisa. Pero también existe esa molestia misteriosa que aparece justo cuando el partido es tarde, hace frío o el rival pinta intenso.
Lo mejor de esta excusa es que permite quedar bien.
No te borras porque no quieras jugar. Te borras porque “prefieres no forzar”.
Y eso siempre suena más profesional.
"Mañana madrugo"
La excusa más adulta de todas.
Llega un momento en la vida en el que jugar a las diez de la noche deja de parecer una gran idea. Antes podías terminar el partido, quedarte al tercer tiempo y dormir cinco horas como si nada.
Ahora, si el partido acaba tarde, ya estás pensando en la alarma del día siguiente.
“Mañana madrugo” no siempre es una excusa. A veces es una realidad dolorosa.
Pero también es verdad que muchos la usan como comodín cuando el plan no termina de convencer.
"Me ha surgido una cosa"
La frase más misteriosa del fútbol amateur.
Nunca se sabe qué ha surgido.
Puede ser trabajo, familia, cansancio, pereza, otro plan mejor o simplemente que no le apetece moverse. Pero la frase funciona porque no da demasiados detalles y deja poco margen para discutir.
“Me ha surgido una cosa” es breve, efectiva y difícil de desmontar.
El problema es cuando aparece a una hora del partido y ya estaban los equipos justos.
Ahí deja de ser una excusa y pasa a ser una crisis.
El que no contesta
Peor que una mala excusa es no decir nada.
El jugador que lee el mensaje y desaparece es uno de los grandes enemigos de cualquier organizador. No confirma, no se borra, no propone alternativa. Simplemente existe en silencio.
Y mientras tanto, el resto intenta saber si son diez, nueve o ocho y medio.
En cada grupo hay alguien así. Y todos saben quién es.
Lo importante es que ruede el balón
Las excusas van y vienen, pero cuando por fin se juntan los jugadores, se forman los equipos y empieza el partido, todo lo anterior se olvida.
Da igual quién llegó tarde.
Da igual quién dudó.
Da igual quién dijo que venía justo.
En cuanto el balón empieza a rodar, vuelve lo importante: jugar, competir, reírse y acabar diciendo lo de siempre: “¿La semana que viene repetimos?”
Porque en el fondo, una pachanga no sería lo mismo sin sus pequeñas historias antes de empezar.
Y quizá por eso seguimos organizándolas.
Aunque siempre falte uno.
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